|
La alergia produce
signos inflamatorios, cuya expresión varía
en función de la zona del organismo afectada.
Los síntomas respiratorios más frecuentes
son: congestión nasal, prurito nasal o de garganta,
rinorrea, tos, sibilancias o roncus.
Entre los síntomas digestivos se encuentran
el dolor abdominal, las náuseas, los vómitos,
la diarrea y los cólicos.
Entre los trastornos alérgicos cutáneos
se encuentran las erupciones, el eczema alérgico,
la urticaria y el angioedema. También se pueden
observar el enrojecimiento ocular, el lagrimeo y otros
síntomas oculares en la conjuntivitis, la queratitis
y la blefaritis alérgica.
Las manifestaciones cutáneas, junto con las
respiratorias, son las que se presentan con más
frecuencia en los niños. El eczema
es la manifestación cutánea
más habitual. Se manifiesta por manchas rojizas,
con pequeñas ampollas e intenso prurito.
El rascado aumenta el prurito y, finalmente, se producen
lesiones en la piel, con riesgo de infección
secundaria. Se produce sobre todo en las muñecas,
las rodillas, los codos y la cara.
Otra reacción alérgica relativamente
frecuente es la urticaria. Tiene características
muy similares al eczema, pero difiere en su aspecto;
en lugar de manchas, se trata de pequeños o
de grandes habones. Es una erupción evanescente
que puede tener carácter agudo o crónico
(superior a las 6 semanas). Por otra parte, el angioedema
es un proceso inflamatorio de la zona profunda de
la piel.
La urticaria y el angioedema constituyen uno de los
motivos más habituales de las consultas médicas
(hasta un 25% de la población general ha sufrido,
como mínimo, un episodio en su vida). Es un
proceso que afecta especialmente a los jóvenes
y algo menos a los niños (entre un 2,1-6,7%),
sobre todo las formas agudas, siendo más propio
de los adultos las formas crónicas o recidivantes.
En cuanto al sexo, se ha comprobado que afecta de
igual manera tanto a los hombres como a las mujeres.
La diferencia está en que en los primeros predominan
las formas agudas, mientras que en las segundas lo
hacen las formas crónicas o recidivantes.
|