- Si se produce una reacción alérgica,
la primera medida es identificar el alergeno para
evitar que el niño entre en contacto con
él. En el caso de las alergias alimentarias
es más fácil evitar ese contacto.
Esa tarea es mucho más difícil si
la alergia está producida por pólenes
o por ácaros del polvo doméstico.
Las manifestaciones cutáneas, junto con las
respiratorias, son las que se presentan con más
frecuencia en los niños. El eczema es la
manifestación cutánea más frecuente,
y se manifiesta por manchas rojizas, con pequeñas
ampollas e intenso prurito. El rascado aumenta el
prurito y, finalmente, se producen lesiones en la
piel, con riesgo de infección secundaria.
Se produce sobre todo en las muñecas, las
rodillas, los codos y la cara.
- Otra reacción alérgica relativamente
frecuente es la urticaria. Tiene características
muy similares al eczema, pero difiere en su aspecto:
en lugar de manchas se trata de pequeñas
o grandes habones. Es una erupción evanescente
que puede tener carácter agudo o crónico
(superior a 6 semanas).
- Para disminuir el intenso picor y la inflamación
dérmica que provocan tanto la urticaria como
el angioedema es aconsejable utilizar ropa amplia,
de tejidos suaves o muy transpirables. Los tejidos
naturales son los más recomendables. También
resulta efectivo evitar ambientes calurosos o excesivamente
húmedos.
- Es probable que, durante la noche, los síntomas
de la urticaria empeoren, por lo que se debe poner
especial interés en tratarlos adecuadamente
durante esas horas.
- Los trastornos alérgicos digestivos son
los más frecuentes después de los
cutáneos y respiratorios. Fundamentalmente
se presentan vómitos y diarreas. La alergia
alimentaria más habitual se debe a las proteínas
de la leche de vaca. Se manifiesta por signos digestivos
y es raro que esta alergia produzca eczema. Después
de la leche, los alimentos más alergénicos
son los huevos, los pescados y las frutas. En caso
necesario, se debe retrasar, por indicación
del pediatra, la introducción de alimentos
alergénicos.
- Es frecuente que los niños alérgicos
sufran enfermedades infecciosas, sobre todo catarros,
otitis y sinusitis. Sin embargo, la conjuntivitis
alérgica es muy poco frecuente en los niños
pequeños.
- Puede resultar útil saber que los alimentos
en conserva, los mariscos, las carnes de caza, algunas
frutas y hortalizas (tomate, piña, fresas,
plátanos, frutas tropicales…), los
frutos secos, los huevos o los quesos curados son
alimentos con una alta capacidad de liberación
de histamina, por lo que su ingesta puede provocar
algún tipo de reacción alérgica.
- La alergia a los ácaros del polvo doméstico
es infrecuente en los primeros años de vida
y produce sobre todo síntomas respiratorios.
- La alergia al polen es de predominio primaveral
y suelen producir síntomas respiratorios
y es más raro que causen eczema.
- Las alergias a los medicamentos son menos frecuentes
de lo que se cree y no suelen aparecer en los primeros
años de vida.
- Control ambiental
Los adultos que convivan con el niño deben
evitar fumar en la casa, dado que la incidencia y
la gravedad de las alergias respiratorias aumenta
con el tabaquismo pasivo.
Se debe hacer limpieza de la casa con aspiradora
con filtros especiales.
Se deben evitar las moquetas y las alfombras, las
cortinas, los peluches, y los elementos decorativos
que puedan acumular polvo.
En lo posible, se realizará la limpieza doméstica
cuando el niño no esté presente o se
encuentre en una zona alejada.
Se debe evitar el exceso de humedad, que favorece
el desarrollo de los ácaros del polvo doméstico.
Los filtros del aire acondicionado deben estar extremadamente
limpios.
El uso de humidificadores, beneficioso en algunas
enfermedades respiratorias, empeora el cuadro si el
trastorno es alérgico. En este caso, sólo
se usarán humidificadores si el médico
lo indica.
Pese a seguir todas las medidas preventivas, se deben
administrar medicamentos con la intención de
controlar los síntomas y permitir que el niño
desarrolle una vida normal.
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