| Es importante que sepa que el tratamiento actual es generalmente de por vida e insatisfactorio en la mayoría de los pacientes, pues no modifica la evolución de la enfermedad, sino que, en el mejor de los casos, retrasa su progresión.
Los fines del tratamiento son disminuir la actividad de la enfermedad, para minimizar la posibilidad de lesión articular, aliviar el dolor, mantener la mejor calidad de vida posible y, finalmente, conseguir una remisión completa.
Los antiinflamatorios no esteroideos son los fármacos que, con más frecuencia, se emplean en el tratamiento inicial. El uso a dosis bajas de corticoides disminuye la aparición de erosiones.
La mayoría de los pacientes afectos de la enfermedad pueden recibir, a lo largo de la evolución de la enfermedad, un fármaco inductor de remisión o modificador de la evolución de la enfermedad (FARAL),como el metotrexato, la sulfasalazina y la leflunomida.

Hay muchas novedades en el campo de la artritis reumatoide, como las terapias biológicas. En concreto, el infliximab y etarnercept son anticuerpos monoclonales que interrumpen el proceso inflamatorio de esta enfermedad crónica.
En cualquier caso, debe ponerse en manos de un especialista, que le recomendará el tratamiento más adecuado según la gravedad de su artritis. |