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caracteriza por dolor cervical de evolución
crónica extendido a la región occipital
y a otras regiones del cráneo y acompañado
de síntomas de naturaleza imprecisa, que sugieren
algún trastorno intracraneal, pero sin ningún
signo objetivo de alteración neurológica.
Aunque puede aparecer
a cualquier edad, es más frecuente entre los
treinta y cinco y los cuarenta y cinco años.
Clínica
Hay gran variedad
de síntomas. El dolor se extiende desde la
región cervical hasta la occipital llegando,
a veces, hasta la región temporal o retroorbitaria,
donde se manifiesta en forma de pesadez.
El vértigo
es un síntoma muy frecuente acompañado
de mareo, acúfenos o inestabilidad. Suele coexistir
con parestesias en el vertex craneal, en
forma de quemazón a la más ligera presión.
El dolor puede
aparecer espontáneamente o tras una caída,
un movimiento brusco del cuello, una corriente de
aire o una larga exposición al frío.
Aunque el estado
general está conservado, es habitual la astenia
de predominio matutino.
Actitud
diagnóstico-terapéutica
El síndrome
cervicocefálico es discontinuo y la artrosis
persiste. Parece más probable que la artrosis,
cuando existe, sea una coincidencia.
Por otro lado,
se ha demostrado que estos enfermos sufren algún
tipo de alteración psíquica al realizar
una detallada anamnesis.
Hay una clara relación
entre los síntomas y los conflictos psíquicos
y, a la inversa, espectaculares remisiones coincidiendo
con vacaciones o viajes.
De acuerdo con esta
interpretación, en el tratamiento del síndrome
cervicocefálico se dará mayor importancia
a la consideración de los factores psicosociales.
La psicoterapia
de apoyo puede tener un papel fundamental, así
como los sedantes y los analgésicos.
La electroterapia,
collarines o tracciones no sólo carecen de
justificación, sino que contribuyen a fijar,
aún más, la somatización, en
un campo especialmente abonado para ello.
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