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      5-Tratamiento del colesterol alto
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   1-Las grasas en el cuerpo humano

   5-Tratamiento del colesterol alto

   2-¿Qué es el colesterol?

   6.- Colesterol y aceite de oliva

   3-¿Por qué se produce la hipercolesterolemia?

   7.- Colesterol y la mujer

   4-¿Debemos todos controlarnos el colesterol?

   8.- Colesterol y embarazo

      

Antes de iniciar un tratamiento, hay que realizar un diagnóstico completo y exacto de las dislipemias, es decir, determinar si se trata de una dislipemia primaria o secundaria a otras enfermedades o tratamientos.

El primer escalón terapéutico en la hipercolesterolemia es la dieta y el ejercicio. Así, la dieta ideal es la mediterránea que tiene un mayor aporte de ácidos grasos mono y poliinsaturados, de efectos beneficiosos para nuestro organismo. Es pobre en ácidos grasos saturados y colesterol.

La peculiaridad fundamental del aceite de oliva es que tiene, como ácido graso principal, ácido oleico, perteneciente a la familia de los monoinsaturados, y suponiendo un 70-80% de su composición grasa. En menor cantidad también tiene ácido palmítico (10-15%), el principal ácido graso saturado, linoleico (10-15%), que pertenece a los ácidos poliinsaturados, y en mucha menor concentración, ácido linolénico, un poliinsaturado presente en una concentración en torno al 1%. No obstante, a pesar de su escasez, tiene una gran importancia biológica por pertenecer, junto al linoleico, a los ácidos grasos esenciales para la vida.

El segundo escalafón terapéutico sería el ejercicio físico realizado con asiduidad. Favorece al organismo porque descienden los niveles de colesterol, disminuye la tensión arterial y se consigue una sensación subjetiva y real de salud.

Si tras un periodo de entre seis y nueve meses de tratamiento con dieta y ejercicio físico, los niveles de colesterol persisten, habrá que pasar a un tercer escalafón terapéutico: el tratamiento farmacológico. Es importante entender que las medicinas jamás pueden sustituir el estilo de vida saludable y la dieta mediterránea.

¿Cuál es el efecto de los hidratos de carbono?

La sustitución isocalórica de grasa saturada por hidratos de carbono produce un descenso de colesterol LDL. Dado que dicha fracción lipídica tiene una acción aterógena muy potente, este efecto se considera muy favorable para reducir la mortalidad cardiovascular. Ello se consigue, sobre todo, cuando se logra disminuir la ingesta de los ácidos grasos mayoritarios, como el palmítico, el láurico o el mirístico. Pero, además de dicho efecto, los hidratos de carbono también reducen los niveles plasmáticos de colesterol HDL. Aunque ello se podría considerar un inconveniente, su acción fundamental sobre el colesterol LDL sobrepasa a cualquier otra posible acción. Además, no existen evidencias clínicas de que el descenso de dicha fracción lipídica, con dietas ricas en hidratos de carbono, implique un mayor riesgo cardiovascular, sobre todo si se realiza con los de tipo complejo, de bajo índice glucémico.

¿Cuál es el efecto de las grasas poliinsaturadas?

Estas grasas son importantes en la alimentación humana. Sus componentes tienen varios dobles enlaces y existen dos clases: las poliinsaturadas de la serie n-3 y las de la serie n-6. El principal poliinsaturado n-6 es el linoleico, con dos dobles enlaces y 18 átomos de carbono; pertenece a los ácidos grasos esenciales y abunda en los aceites vegetales, como el de maíz y girasol, en los frutos secos y en las carnes. Cuando se consumen en sustitución de los saturados, se reduce tanto el colesterol total como el transportado en las LDL. Por este motivo, hace varias décadas se pensó que su incremento en la dieta sería una buena alternativa para reducir la ingesta de grasa saturada. Sin embargo, actualmente dicha recomendación está limitada por dos razones; la primera, porque cuando las LDL se enriquecen con dicho ácido graso se puede favorecer su oxidabilidad. Este hecho es importante si se recuerda que el fenómeno de la oxidación es clave en el inicio de la aterogénesis. Pero además, su consumo se acompaña de una reducción del colesterol transportado en las HDL, lo que genera cierta inquietud, por ser esta lipoproteína un importante mecanismo protector de la arteriosclerosis. Sin embargo, al igual que comentamos con los hidratos de carbono, no hay estudios de intervención que indiquen que estos efectos se acompañan de un mayor riesgo cardiovascular.

Entre los ácidos grasos poliinsaturados de la serie n-3, el linolénico es esencial, tiene 18 átomos de carbono y abunda en el reino vegetal; por su parte, los que predominan en los animales marinos tienen una cadena más larga, destacando el ácido eicosapentaenoico (con 20 carbonos) y el docosahexaenóico (con 22 carbonos). La presencia de poliinsaturados n-3 es escasa en nuestra alimentación, ya que habitualmente su aporte energético no llega al 1% de la ingesta calórica; por ello la posibilidad de recurrir a ellos, para sustituir a la grasa saturada, es limitada. Eso supone que su efecto sobre el colesterol LDL y HDL es poco relevante, si bien tienen otros potentes efectos biológicos, como es su capacidad para reducir los triglicéridos, en pacientes con niveles elevados, y su acción sobre otros mecanismos biológicos, como la respuesta inflamatoria y la hemostasia.

¿Cuál es el efecto de la grasa monoinsaturada?

El tercer tipo de ácidos grasos insaturados está representado por el ácido oleico, con 18 átomos de carbono y un doble enlace, por lo que se considera monoinsaturado. Es muy ubicuo y habitual en el reino vegetal y en el animal, aunque el alimento paradigmático, que más lo contiene, es el aceite de oliva. Sin embargo se encuentra en otros muchos alimentos y en otros aceites, en especial en los obtenidos de semillas modificadas genéticamente. Algunos de ellos contienen tanto ácido oleico como el aceite de oliva, de lo que son ejemplos los de girasol, soja y canola. Sin embargo, como luego veremos, estos aceites carecen de nutrientes muy importantes, presentes en el aceite de oliva y que, como los antioxidantes, tanto interés biológico suscitan.

Desde el punto de vista de su acción sobre el colesterol, su interés nutricional radica en que, al sustituir a los saturados, disminuyen el colesterol LDL, con una eficacia muy parecida a la que se obtiene con los hidratos de carbono o con los poliinsaturados. Pero, frente a estos últimos, no reducen el colesterol HDL o lo hacen escasamente, lo que explica el gran interés que existe, entre los nutricionistas, por la Dieta Mediterránea, cuya característica fundamental es la abundancia en aceite de oliva.

 

NOTA: Los contenidos de salud incorporados en webdelamujer.com están destinados a ofrecer una formación sobre estos temas a la población, y en ningún caso a sustituir la atención directa del médico. Esta información no debe por tanto utilizarse por parte del usuario para establecer un diagnóstico o automedicarse, debiendo consultar cada caso particular con su médico de cabecera.

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