| Las
grasas comestibles ejercen una serie de funciones
nutritivas, siendo la más importante su capacidad
para proporcionar calorías. Dicho efecto es
similar a cualquier grasa e implica la obtención
de 9 kilocalorías por gramo de aceite. Pero
lo que diferencia biológicamente a las distintas
grasas no es su valor calórico, sino las propiedades
derivadas del tipo de ácidos grasos que las
componen. En ese sentido, el aceite de oliva, el alimento
natural más rico en ácido oleico, tiene
una serie de peculiaridades propias que lo hacen especialmente
saludable, en especial sobre el metabolismo del colesterol
y el de la glucosa. Además, este alimento es
el único que, como antes comentamos, tiene
gran riqueza de nutrientes no grasos, lo que puede
suponer una ventaja nutricional sobre otros aceites.
¿Cuáles son los efectos cardiosaludables
del aceite de oliva?
Este alimento, aparte
de ofrecer un aporte calórico similar al de
otras grasas comestibles, produce efectos saludables
muy interesantes. El primer efecto, que se le conoció,
fue su capacidad para modificar el metabolismo del
colesterol plasmático, debido a su riqueza
en ácido oleico. Dicha acción es bastante
compleja, ya que modifica todas las fracciones plasmáticas,
como son el colesterol total, el transportado en las
LDL y en las HDL. Pero, además, su efecto lipídico
varía según se consuma en sustitución
de alimentos ricos en hidratos de carbono, en grasa
saturada o en poliinsaturada. Estos hechos explican
que a veces se genere confusión al hablar de
sus efectos, ya que el resultado es distinto cuando
se consume en lugar de mantequilla que cuando se hace
en sustitución de productos ricos en hidratos
de carbono. Es precisamente la falta de precisión
en esta información lo que puede generar un
mensaje confuso y que la población pierda confianza
en el profesional.
Pero, además de su acción sobre el metabolismo
lipídico humano, en la última década
se ha avanzado en el estudio de sus efectos biológicos,
más allá de los niveles de colesterol.
En este aspecto se incluye su acción sobre
la protección antioxidante de las lipoproteínas,
la presión arterial, el metabolismo de los
hidratos de carbono, los componentes celulares de
la placa de ateroma, la función endotelial
y los mecanismos de la trombosis. Asimismo, fuera
del campo cardiovascular, están sus efectos
en la prevención de ciertos tipos de cánceres,
su influencia en los mecanismos inflamatorios de las
enfermedades reumáticas, en la capacidad cognitiva
y en la mineralización ósea. Precisamente,
todos estos hechos hacen del aceite de oliva la grasa
alimentaria mejor para conservar la salud y prevenir
las enfermedades crónicas.
Tiene gran interés conocer las influencias
de las distintas fuentes grasas, sobre el metabolismo
del colesterol, buscando la mejor opción para
la prevención cardiovascular. Es importante
recordar que el efecto lipídico de los diferentes
nutrientes no tiene carácter absoluto, sino
que es relativo según la fuente calórica
a la que sustituyan. En este capítulo, y tal
como se resume en la Tabla 1, el efecto sobre el colesterol
se analizará pensando en la sustitución
de la grasa saturada por las restantes fuentes energéticas
TABLA 1: Efecto de los distintos nutrientes sobre
las fracciones plasmáticas del colesterol cuando
sustituyen isocalóricamente a las grasas saturadas.
| Tipo de nutriente |
Colesterol LDL |
Colesterol HDL |
| Hidratos de carbono |
Reducción |
Reducción |
| Poliinsaturados |
Reducción |
Reducción |
| Monoinsaturados |
Reducción |
No cambia o lo hace ligeramente |
¿Qué
efecto tiene el aceite de oliva de baja acidez sobre
el colesterol plasmático?
La alimentación
mediterránea es el paradigma de alimentación
saludable ya que, al sustituir la grasa saturada por
grasa monoinsaturada, procedente del aceite de oliva,
se consigue el cambio más deseable en el colesterol,
con reducción del colesterol LDL y manteniendo
el colesterol HDL. Dicho efecto ha ido ligado, tradicionalmente,
al consumo de aceite de oliva. Pero, además,
dicho alimento consigue con su presencia que la comida
sea más apetitosa, lo que favorece la adherencia
de la población a su consumo, frente a las
dietas pobres en grasa, que son menos gustosas y más
difíciles de seguir. Ese efecto tan importante
es especialmente significado con los aceites de mayor
calidad, de los que es un paradigma el aceite de oliva
virgen extra, de baja acidez. Aunque la acidez per
se no tiene un efecto biológico diferencial,
sucede que los aceites con dicha característica
son de muy buena calidad, con lo que resultan más
aceptados por la población. Pero, además
estos aceites se obtienen en unas condiciones de producción
extremadamente cuidadas, lo que supone que mantienen
los múltiples componentes no grasos existentes
en el aceite virgen extra. Entre ellos merecen destacarse,
por su efecto saludable, los antioxidantes, de los
que son ejemplo la vitamina E y los polifenoles, capaces
de proteger de la oxidación a las LDL y, por
tanto, de prevenir el desarrollo de arteriosclerosis.
¿Qué lugar ocupa el aceite de
oliva en la pirámide de la dieta mediterránea?
Históricamente
los tres alimentos más tradicionales que constituyen
la tríada cultural de la alimentación
mediterránea, son: el trigo, el aceite y el
vino. Su papel diferenciador respecto a otras culturas
y, en especial, respecto al patrón alimentario
del norte y centro de Europa, ha sido fundamental.
Se puede decir que estos productos siempre han estado
presentes en nuestra dieta, mientras que otros se
han ido incorporando gradualmente, enriqueciéndola
y haciéndola más atractiva y variada;
y es que la dieta mediterránea está
en continua evolución ya que, junto a los alimentos
presentes durante milenios, como sucede con el aceite
de oliva o los cereales, otros se han introducido
más recientemente. Algunos de ellos eran completamente
desconocidos en las culturas clásicas y vinieron
de tierras lejanas, como el tomate o las patatas,
introducidos a raíz del descubrimiento del
Nuevo Mundo, pero sin desplazar a los fundamentales.
Este hecho apoya la idea de que la presencia o ausencia
de un alimento concreto no le hace perder su condición
de alimentación mediterránea, excepto
que esto suceda con sus alimentos emblemáticos,
de los que su principal exponente es el aceite de
oliva. Y es que el aceite de oliva tiene varias características
diferenciales que le hacen insustituible; de una parte
el es único aceite que, además de aportar
grasa monoinsaturada, proporciona otros componentes
saludables, como son las vitaminas y polifenoles,
presentes sobre todo en el aceite virgen y en el virgen
extra. Pero además, desde el punto de vista
gastronómico, es un aliño incomparable.
¿Qué aporta el aceite de oliva
de baja acidez a la dieta mediterránea?
Aunque la composición
grasa de los aceites de oliva comestibles es similar,
sea cual sea su calidad, no sucede igual con el resto
de sus propiedades. En este sentido, quizás
lo más importante está en su contenido
en componentes vitamínicos y antioxidantes,
mucho más abundantes en aceites de máxima
calidad y, por tanto, con una acidez más baja.
Por ello, cuando se consumen se obtiene un beneficio
máximo; pero además, el aceite de baja
acidez también cumple al máximo su función
de ser un placer para el paladar y un aliño
insustituible. Esto último permite que, en
la dieta mediterránea, se consuman ciertos
alimentos que son claves para la salud y que se tomarían
menos si no existiera el aceite de oliva. Ejemplo
de ello es el elevado consumo de ensaladas de verduras
y hortalizas, fuentes inestimables de fibra, oligoelementos
y vitaminas, en cuya preparación y aliño
es fundamental el aceite de oliva. Gracias a ello
nuestra alimentación es muy gustosa al paladar
y goza de gran aceptación, a pesar de ser fundamentalmente
vegetariana. No obstante, es muy distinta de la alimentación
vegetariana tradicional de los países anglosajones
que, al ser pobre en grasa, es menos atractiva para
el consumidor, lo que hace que tenga una difusión
y un atractivo más limitado. Por tanto, el
aceite de oliva de gran calidad y baja acidez, muy
rico en vitaminas y antioxidantes, es un elemento
clave e insustituible de nuestra dieta. Sin su presencia
la alimentación podrá ser saludable,
pero no se corresponde con lo que se debe denominar
dieta mediterránea.
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