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      6-Colesterol y aceite de oliva
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   1-Las grasas en el cuerpo humano

   5-Tratamiento del colesterol alto

   2-¿Qué es el colesterol?

   6.- Colesterol y aceite de oliva

   3-¿Por qué se produce la hipercolesterolemia?

   7.- Colesterol y la mujer

   4-¿Debemos todos controlarnos el colesterol?

   8.- Colesterol y embarazo

      

Las grasas comestibles ejercen una serie de funciones nutritivas, siendo la más importante su capacidad para proporcionar calorías. Dicho efecto es similar a cualquier grasa e implica la obtención de 9 kilocalorías por gramo de aceite. Pero lo que diferencia biológicamente a las distintas grasas no es su valor calórico, sino las propiedades derivadas del tipo de ácidos grasos que las componen. En ese sentido, el aceite de oliva, el alimento natural más rico en ácido oleico, tiene una serie de peculiaridades propias que lo hacen especialmente saludable, en especial sobre el metabolismo del colesterol y el de la glucosa. Además, este alimento es el único que, como antes comentamos, tiene gran riqueza de nutrientes no grasos, lo que puede suponer una ventaja nutricional sobre otros aceites.

¿Cuáles son los efectos cardiosaludables del aceite de oliva?

Este alimento, aparte de ofrecer un aporte calórico similar al de otras grasas comestibles, produce efectos saludables muy interesantes. El primer efecto, que se le conoció, fue su capacidad para modificar el metabolismo del colesterol plasmático, debido a su riqueza en ácido oleico. Dicha acción es bastante compleja, ya que modifica todas las fracciones plasmáticas, como son el colesterol total, el transportado en las LDL y en las HDL. Pero, además, su efecto lipídico varía según se consuma en sustitución de alimentos ricos en hidratos de carbono, en grasa saturada o en poliinsaturada. Estos hechos explican que a veces se genere confusión al hablar de sus efectos, ya que el resultado es distinto cuando se consume en lugar de mantequilla que cuando se hace en sustitución de productos ricos en hidratos de carbono. Es precisamente la falta de precisión en esta información lo que puede generar un mensaje confuso y que la población pierda confianza en el profesional.

Pero, además de su acción sobre el metabolismo lipídico humano, en la última década se ha avanzado en el estudio de sus efectos biológicos, más allá de los niveles de colesterol. En este aspecto se incluye su acción sobre la protección antioxidante de las lipoproteínas, la presión arterial, el metabolismo de los hidratos de carbono, los componentes celulares de la placa de ateroma, la función endotelial y los mecanismos de la trombosis. Asimismo, fuera del campo cardiovascular, están sus efectos en la prevención de ciertos tipos de cánceres, su influencia en los mecanismos inflamatorios de las enfermedades reumáticas, en la capacidad cognitiva y en la mineralización ósea. Precisamente, todos estos hechos hacen del aceite de oliva la grasa alimentaria mejor para conservar la salud y prevenir las enfermedades crónicas.

Tiene gran interés conocer las influencias de las distintas fuentes grasas, sobre el metabolismo del colesterol, buscando la mejor opción para la prevención cardiovascular. Es importante recordar que el efecto lipídico de los diferentes nutrientes no tiene carácter absoluto, sino que es relativo según la fuente calórica a la que sustituyan. En este capítulo, y tal como se resume en la Tabla 1, el efecto sobre el colesterol se analizará pensando en la sustitución de la grasa saturada por las restantes fuentes energéticas
TABLA 1: Efecto de los distintos nutrientes sobre las fracciones plasmáticas del colesterol cuando sustituyen isocalóricamente a las grasas saturadas.

Tipo de nutriente Colesterol LDL Colesterol HDL
Hidratos de carbono Reducción Reducción
Poliinsaturados Reducción Reducción
Monoinsaturados Reducción
No cambia o lo hace ligeramente

¿Qué efecto tiene el aceite de oliva de baja acidez sobre el colesterol plasmático?

La alimentación mediterránea es el paradigma de alimentación saludable ya que, al sustituir la grasa saturada por grasa monoinsaturada, procedente del aceite de oliva, se consigue el cambio más deseable en el colesterol, con reducción del colesterol LDL y manteniendo el colesterol HDL. Dicho efecto ha ido ligado, tradicionalmente, al consumo de aceite de oliva. Pero, además, dicho alimento consigue con su presencia que la comida sea más apetitosa, lo que favorece la adherencia de la población a su consumo, frente a las dietas pobres en grasa, que son menos gustosas y más difíciles de seguir. Ese efecto tan importante es especialmente significado con los aceites de mayor calidad, de los que es un paradigma el aceite de oliva virgen extra, de baja acidez. Aunque la acidez per se no tiene un efecto biológico diferencial, sucede que los aceites con dicha característica son de muy buena calidad, con lo que resultan más aceptados por la población. Pero, además estos aceites se obtienen en unas condiciones de producción extremadamente cuidadas, lo que supone que mantienen los múltiples componentes no grasos existentes en el aceite virgen extra. Entre ellos merecen destacarse, por su efecto saludable, los antioxidantes, de los que son ejemplo la vitamina E y los polifenoles, capaces de proteger de la oxidación a las LDL y, por tanto, de prevenir el desarrollo de arteriosclerosis.


¿Qué lugar ocupa el aceite de oliva en la pirámide de la dieta mediterránea?

Históricamente los tres alimentos más tradicionales que constituyen la tríada cultural de la alimentación mediterránea, son: el trigo, el aceite y el vino. Su papel diferenciador respecto a otras culturas y, en especial, respecto al patrón alimentario del norte y centro de Europa, ha sido fundamental. Se puede decir que estos productos siempre han estado presentes en nuestra dieta, mientras que otros se han ido incorporando gradualmente, enriqueciéndola y haciéndola más atractiva y variada; y es que la dieta mediterránea está en continua evolución ya que, junto a los alimentos presentes durante milenios, como sucede con el aceite de oliva o los cereales, otros se han introducido más recientemente. Algunos de ellos eran completamente desconocidos en las culturas clásicas y vinieron de tierras lejanas, como el tomate o las patatas, introducidos a raíz del descubrimiento del Nuevo Mundo, pero sin desplazar a los fundamentales. Este hecho apoya la idea de que la presencia o ausencia de un alimento concreto no le hace perder su condición de alimentación mediterránea, excepto que esto suceda con sus alimentos emblemáticos, de los que su principal exponente es el aceite de oliva. Y es que el aceite de oliva tiene varias características diferenciales que le hacen insustituible; de una parte el es único aceite que, además de aportar grasa monoinsaturada, proporciona otros componentes saludables, como son las vitaminas y polifenoles, presentes sobre todo en el aceite virgen y en el virgen extra. Pero además, desde el punto de vista gastronómico, es un aliño incomparable.

¿Qué aporta el aceite de oliva de baja acidez a la dieta mediterránea?

Aunque la composición grasa de los aceites de oliva comestibles es similar, sea cual sea su calidad, no sucede igual con el resto de sus propiedades. En este sentido, quizás lo más importante está en su contenido en componentes vitamínicos y antioxidantes, mucho más abundantes en aceites de máxima calidad y, por tanto, con una acidez más baja. Por ello, cuando se consumen se obtiene un beneficio máximo; pero además, el aceite de baja acidez también cumple al máximo su función de ser un placer para el paladar y un aliño insustituible. Esto último permite que, en la dieta mediterránea, se consuman ciertos alimentos que son claves para la salud y que se tomarían menos si no existiera el aceite de oliva. Ejemplo de ello es el elevado consumo de ensaladas de verduras y hortalizas, fuentes inestimables de fibra, oligoelementos y vitaminas, en cuya preparación y aliño es fundamental el aceite de oliva. Gracias a ello nuestra alimentación es muy gustosa al paladar y goza de gran aceptación, a pesar de ser fundamentalmente vegetariana. No obstante, es muy distinta de la alimentación vegetariana tradicional de los países anglosajones que, al ser pobre en grasa, es menos atractiva para el consumidor, lo que hace que tenga una difusión y un atractivo más limitado. Por tanto, el aceite de oliva de gran calidad y baja acidez, muy rico en vitaminas y antioxidantes, es un elemento clave e insustituible de nuestra dieta. Sin su presencia la alimentación podrá ser saludable, pero no se corresponde con lo que se debe denominar dieta mediterránea.

 

NOTA: Los contenidos de salud incorporados en webdelamujer.com están destinados a ofrecer una formación sobre estos temas a la población, y en ningún caso a sustituir la atención directa del médico. Esta información no debe por tanto utilizarse por parte del usuario para establecer un diagnóstico o automedicarse, debiendo consultar cada caso particular con su médico de cabecera.

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