| · Cicatrices maculares
superficiales. Se producen cuando se afecta
sólo la capa más superficial
de la piel y se manifiestan como pequeñas
máculas
o manchas de color rojizo en el primer año,
que luego suelen pigmentarse, sobre todo en
personas de piel morena y se tornan de aspecto
más oscuro o marrón. Para su tratamiento
suele ser suficiente la aplicación de
ácido glicólico o retinoico, y
a veces peelings superficiales, siempre
bajo la supervisión de un especialista.
· Cicatrices
dérmicas profundas, en las que la
reparación no ha sido eficaz
y se forman tractos en la piel con múltiples
canales, semejantes a una
madriguera. En estos casos es preciso un tratamiento
quirúrgico de la cicatriz,
muchas veces complicada, ya que suelen requerir
varias técnicas, siendo
a veces preciso, incluso la inserción
de injertos de piel.
· Cicatrices
con atrofia
grasa. Son secundarias a acnés quísticos,
donde el proceso
de reparación ha afectado a las capas
más profundas de la piel, formando
depresiones, a veces importantes, que adoptan
la forma de una especie
de surco, como las marcas de unos esquís.
No existe una sola técnica
de tratamiento para este tipo de cicatrices
(cirugía con elevación de la piel,
mediante injertos, láser, etc) y hay
que considerar que, en la mayoría
de los casos sólo se consigue el cambio
de una cicatriz por otra, de aspecto
más aceptable. Ninguna técnica
es mejor que la otra, cada una tiene
sus indicaciones y con la combinación
de todas, se consiguen los mejores resultados.
|