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- La inmovilidad: cuando las personas no pueden moverse y no les hacen cambios de postura con frecuencia.
- La higiene deficiente de la piel: por ello, es importante mantenerla limpia e hidratada.
- La mala alimentación y la deshidratación: muchos ancianos tienen falta de apetito o dificultades para tragar, lo que contribuye a provocar esta situación. Hay que garantizar que beben suficientes líquidos diariamente y que estén bien hidratados.
- Algunas enfermedades en las que se produce una pérdida de sensibilidad en la piel (por ejemplo, no sienten el dolor ni la presión en esa zona) o una disminución del nivel de conciencia (no saben muy bien dónde están).
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