| La
mujer, por su papel en la sociedad, tiene que enfrentarse
a las drogas de dos maneras. Por un lado, siendo la
que cuida de la familia, puede convivir o cuidar de
otra persona que se encuentra en un estado de adicción
a alguna sustancia. Por otro, desde su incorporación
al mercado laboral y a otras facetas de la vida fuera
del ámbito doméstico, se ha sumado también
a algunas formas de relacionarse y de consumir drogas.
Por ello, aunque antes era corriente que sólo
los hombres tuvieran este problema, hoy una mujer
puede caer en un estado de adicción.
El consumo de drogas, especialmente
de aquellas aceptadas socialmente, como son el tabaco
y el alcohol, suele comenzar en la adolescencia. Es
una forma de imitar el mundo adulto, y al mismo tiempo
de rebelarse contra él. El consumo está
unido también a una sensación de riesgo
que lo hace más excitante, y ayuda a desinhibirse
en la relación con otros jóvenes.
Las drogas pueden acabar convirtiéndose
en un problema grave. Se corre el riesgo de llegar
a situaciones muy desagradables, como en casos extremos
en que se recurre al robo, a la prostitución
o al tráfico de drogas para poder financiarse
el consumo. Cuando las drogas controlan la vida de
una persona, todo su entorno se deteriora, la familia,
los amigos, etc.
Las drogas se pueden consumir por
una necesidad médica, pero si se recurre a
ellas como una salida a una situación personal
difícil pueden acarrear un problema aún
más grave.
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