| La
droga es una sustancia que, administrada por diferentes
vías, altera el sistema nervioso, ya sea estimulando,
deprimiendo o perturbando. Se recurre a ellas para
eliminar la angustia, la ansiedad o el dolor, ayudan
a desinhibirse, a mantenerse despierto o, por el contrario,
se utilizan para dormir.
¿Cuándo se
convierte en un problema?
Esta es la pregunta clave y
el momento más difícil de asumir. La
persona que tiene un problema con las drogas tiende
a negarlo, pensando que es imposible crear dependencia,
o que su fuerza de voluntad es lo suficientemente
fuerte como para abandonarlas cuando se lo proponga.
El primer reto es asumir que ya no podemos controlar
la situación.
En el momento que para encontrarse
bien hay que tomar drogas, y de ellas depende la capacidad
para sentir placer, para encontrarse a gusto, para
poder trabajar o relacionarse, e incluso para que
el organismo sea capaz de funcionar, en ese momento
existe un problema muy grave.
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La tristeza,
el nerviosismo, el cansancio o la timidez son
sensaciones desagradables, y en algunos casos
se quieren superar por medio de drogas de forma
equivocada. Es distinto si es por causas médicas
y es un especialista quién las receta.
Pero incluso en ese caso hay que controlarlas,
porque con el tiempo se desarrolla una tolerancia
hacia las drogas que obliga a ir subiendo las
dosis para que tengan su efecto. El incremento
de las dosis debe supervisarlo un médico. |
Una señal clara de adicción
es si se produce el síndrome de abstinencia,
que dependiendo de la droga varía en sus síntomas,
cuando se disminuye o se suprime de forma brusca su
consumo. También se puede sufrir una politoxicomanía,
cuando la adicción se produce por el consumo
de diferentes drogas.
El papel de la mujer ante
la droga
Como en cualquier familia donde
hay un enfermo, suele ser la mujer (esposa, madre
o hija) la que se hace cargo del cuidado de esa persona.
En el caso de las drogas es quizás aún
más duro que en el de otras enfermedades físicas
o mentales, porque el enfermo entra en una espiral
de autodestrucción provocada por el mismo,
de la que muy a menudo no quiere salir, y en la que
arrastra a todos aquellos que se encuentran en torno
a él.
Se puede confiar en la propia
capacidad para ayudarle y creer que el cariño
conseguirá superar esa situación, pero
la persona drogodependiente va cambiando hasta convertirse
en un extraño. Se cae en un círculo
vicioso cargado de promesas que luego no se cumplen,
de insultos, de provocaciones y de reconciliaciones.
Continuamente pueden asegurar que quieren dejarlo,
pero luego no es así. Comienzan exigiendo dinero,
después robando y más tarde amenazando,
hasta que toda la familia se puede ver sumida en la
miseria por su causa. Las relaciones sociales se deterioran.
La familia, que un determinado momento pudo querer
ayudar, también se aleja, desalentada por no
ver fin al problema. Se pierde el equilibrio emocional
y se sufren maltratos. Existe peligro de que se contraiga
el sida u otras enfermedades infecciosas por la convivencia
con el toxicómano. Llegará un momento
en que sea necesario anteponer la propia integridad
física, emocional y mental de la mujer y de
la familia a la del drogadicto. En el caso de que
sea el marido, se puede aconsejar la separación,
cuando se trata de un hijo es más difícil
distanciarse de él.
Ante este problema es mejor
no asumir nunca una actitud permisiva, como por ejemplo
comprarle la droga para que no caiga en la delincuencia.
Hay que mantenerse firmes, estableciendo límites.
De esta forma se les puede ayudar más en el
caso de que exista alguna posibilidad de recuperación.
Las amenazas y las presiones, sobre todo cuando después
no se pueden mantener, no son de ayuda. Para solucionar
el problema hay que averiguar las causas que lo han
provocado. En unos casos sería simplemente
un ambiente poco recomendable los fines de semana,
donde se hayan probado las drogas y poco a poco se
generase la adicción. La presión del
grupo en muy importante en los jóvenes. En
el caso de muchas mujeres, la adicción puede
venir por la presión que sufren, empiezan a
tomar drogas como una ayuda para mantener el ritmo
diario en casa y en el trabajo. También puede
tener su origen en problemas familiares, sociales,
escolares, etc. En este caso, no se trata de culpabilizarse,
pero sí ser conscientes de en qué medida
el entorno en el que se vive puede haber sido la causa
de esta situación de drogodependencia.
Consumo de drogas por amas
de casa
El motivo por el que un ama
de casa puede llegar a la adicción se encuentra
en relación directa con su ocupación
y situación social. Las mujeres que cuidan
de su hogar y no tienen un empleo fuera realizan un
trabajo que no está reconocido socialmente,
que resulta invisible incluso para los propios miembros
de la familia. Siempre pendiente de las necesidades
ajenas, de cocinar, planchar, limpiar, de los problemas
de otros, se espera de ella que siempre sea fuerte
para sostener a su familia. De esta mujer no se piensa
que pueda tener otra preocupación que no sea
la que pueda sentir por los problemas de los demás.
A esto se une la situación
de dependencia económica y afectiva respecto
de su pareja. Una dependencia de la que puede avergonzar
hablar y que por lo tanto no se comparte con nadie.
Puede provocar angustia, preocupación, ansiedad.
Todo esto acaba reflejándose en síntomas
físicos que, cuando acude al médico,
se tienden a solucionar recetando medicamentos que
acaben con los dolores físicos, la angustia
y la depresión. Como no se ataca el problema
esencial, que no se refiere a los medicamentos sino
a la situación de soledad y desamparo, a la
presión emocional, el problema no desaparece.
Con el tiempo, estas mujeres acaban incrementando
las dosis de los medicamentos, que cada vez les producen
menos alivio, y cuando se quieren dar cuenta ya sufren
una fuerte adicción.
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