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      2-Drogas
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    1-Introducción     4-Salir de las drogas
    2-Drogas     5-Prevención
    3-Tipos de drogas     6-Plan de Acción 2005-2008
   

La droga es una sustancia que, administrada por diferentes vías, altera el sistema nervioso, ya sea estimulando, deprimiendo o perturbando. Se recurre a ellas para eliminar la angustia, la ansiedad o el dolor, ayudan a desinhibirse, a mantenerse despierto o, por el contrario, se utilizan para dormir.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Esta es la pregunta clave y el momento más difícil de asumir. La persona que tiene un problema con las drogas tiende a negarlo, pensando que es imposible crear dependencia, o que su fuerza de voluntad es lo suficientemente fuerte como para abandonarlas cuando se lo proponga. El primer reto es asumir que ya no podemos controlar la situación.

En el momento que para encontrarse bien hay que tomar drogas, y de ellas depende la capacidad para sentir placer, para encontrarse a gusto, para poder trabajar o relacionarse, e incluso para que el organismo sea capaz de funcionar, en ese momento existe un problema muy grave.

La tristeza, el nerviosismo, el cansancio o la timidez son sensaciones desagradables, y en algunos casos se quieren superar por medio de drogas de forma equivocada. Es distinto si es por causas médicas y es un especialista quién las receta. Pero incluso en ese caso hay que controlarlas, porque con el tiempo se desarrolla una tolerancia hacia las drogas que obliga a ir subiendo las dosis para que tengan su efecto. El incremento de las dosis debe supervisarlo un médico.

Una señal clara de adicción es si se produce el síndrome de abstinencia, que dependiendo de la droga varía en sus síntomas, cuando se disminuye o se suprime de forma brusca su consumo. También se puede sufrir una politoxicomanía, cuando la adicción se produce por el consumo de diferentes drogas.

El papel de la mujer ante la droga

Como en cualquier familia donde hay un enfermo, suele ser la mujer (esposa, madre o hija) la que se hace cargo del cuidado de esa persona. En el caso de las drogas es quizás aún más duro que en el de otras enfermedades físicas o mentales, porque el enfermo entra en una espiral de autodestrucción provocada por el mismo, de la que muy a menudo no quiere salir, y en la que arrastra a todos aquellos que se encuentran en torno a él.

Se puede confiar en la propia capacidad para ayudarle y creer que el cariño conseguirá superar esa situación, pero la persona drogodependiente va cambiando hasta convertirse en un extraño. Se cae en un círculo vicioso cargado de promesas que luego no se cumplen, de insultos, de provocaciones y de reconciliaciones. Continuamente pueden asegurar que quieren dejarlo, pero luego no es así. Comienzan exigiendo dinero, después robando y más tarde amenazando, hasta que toda la familia se puede ver sumida en la miseria por su causa. Las relaciones sociales se deterioran. La familia, que un determinado momento pudo querer ayudar, también se aleja, desalentada por no ver fin al problema. Se pierde el equilibrio emocional y se sufren maltratos. Existe peligro de que se contraiga el sida u otras enfermedades infecciosas por la convivencia con el toxicómano. Llegará un momento en que sea necesario anteponer la propia integridad física, emocional y mental de la mujer y de la familia a la del drogadicto. En el caso de que sea el marido, se puede aconsejar la separación, cuando se trata de un hijo es más difícil distanciarse de él.

Ante este problema es mejor no asumir nunca una actitud permisiva, como por ejemplo comprarle la droga para que no caiga en la delincuencia. Hay que mantenerse firmes, estableciendo límites. De esta forma se les puede ayudar más en el caso de que exista alguna posibilidad de recuperación. Las amenazas y las presiones, sobre todo cuando después no se pueden mantener, no son de ayuda. Para solucionar el problema hay que averiguar las causas que lo han provocado. En unos casos sería simplemente un ambiente poco recomendable los fines de semana, donde se hayan probado las drogas y poco a poco se generase la adicción. La presión del grupo en muy importante en los jóvenes. En el caso de muchas mujeres, la adicción puede venir por la presión que sufren, empiezan a tomar drogas como una ayuda para mantener el ritmo diario en casa y en el trabajo. También puede tener su origen en problemas familiares, sociales, escolares, etc. En este caso, no se trata de culpabilizarse, pero sí ser conscientes de en qué medida el entorno en el que se vive puede haber sido la causa de esta situación de drogodependencia.

Consumo de drogas por amas de casa

El motivo por el que un ama de casa puede llegar a la adicción se encuentra en relación directa con su ocupación y situación social. Las mujeres que cuidan de su hogar y no tienen un empleo fuera realizan un trabajo que no está reconocido socialmente, que resulta invisible incluso para los propios miembros de la familia. Siempre pendiente de las necesidades ajenas, de cocinar, planchar, limpiar, de los problemas de otros, se espera de ella que siempre sea fuerte para sostener a su familia. De esta mujer no se piensa que pueda tener otra preocupación que no sea la que pueda sentir por los problemas de los demás.

A esto se une la situación de dependencia económica y afectiva respecto de su pareja. Una dependencia de la que puede avergonzar hablar y que por lo tanto no se comparte con nadie. Puede provocar angustia, preocupación, ansiedad. Todo esto acaba reflejándose en síntomas físicos que, cuando acude al médico, se tienden a solucionar recetando medicamentos que acaben con los dolores físicos, la angustia y la depresión. Como no se ataca el problema esencial, que no se refiere a los medicamentos sino a la situación de soledad y desamparo, a la presión emocional, el problema no desaparece. Con el tiempo, estas mujeres acaban incrementando las dosis de los medicamentos, que cada vez les producen menos alivio, y cuando se quieren dar cuenta ya sufren una fuerte adicción.

 

 

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