| Psicofármacos
Son aquellos medicamentos que
actúan sobre el sistema nervioso central. Tranquilizantes
e hipnóticos o somníferos son los que
se recetan habitualmente. Ambos se recetan en casos
de ansiedad,
cuando la persona necesita relajarse.
- El tranquilizante
reduce la actividad mental, produciendo un efecto relajante. Provoca somnolencia,
movimientos torpes, disminuye la capacidad
de concentración y los reflejos, y puede
crear un estado depresivo. Su efecto
de tolerancia es grande, y en poco tiempo, hay
que incrementar las dosis para que
produzca el efecto deseado, creando dependencia.
- El somnífero
se suele recetar también en casos de
ansiedad, pero lo que se busca con
él es facilitar el sueño, aunque éste
no sea igual que el natural. Puede
seguir teniendo efecto al día siguiente,
provocando unos efectos parecidos
a los del tranquilizante, somnolencia, falta
de reflejos, etc.
- Estos fármacos
son peligrosos en el caso de tener que realizar
tareas que requieran concentración,
como conducir. Es fácil que provoquen
accidentes.
- Los barbitúricos
son psicofármacos potentes que actualmente
cada vez se prescriben menos por
la gran capacidad de adicción que tienen. Normalmente se recetaban en casos
de insomnio.
Los psicofármacos no
tienen un efecto curativo, y mucho menos la capacidad
de eliminar la causa de la ansiedad por la que son
recetados. Antes de empezar a consumirlos, y sobre
todo considerando su capacidad de adicción,
hay que plantearse otras alternativas. Analizar el
problema o la causa de la ansiedad para intentar ponerle
remedio puede ser mucho más efectivo que consumir
fármacos.
En la mujer, la causa de su
ansiedad puede estar en el grado de insatisfacción
personal que se tenga por las tareas que realiza,
por las relaciones que mantiene, por no poder cubrir
algunas necesidades, por carecer de tiempo propio,
por no sentirse valorada por sus hijos o pareja, por
encontrarse sola, etc. Todos estos problemas se pueden
solucionar con ayuda. En los centros de mujeres, por
ejemplo, se pueden compartir esos problemas. Hablar
de ellos produce un alivio mucho mayor que un fármaco,
desaparece la soledad y la mujer se siente comprendida
porque además conoce la experiencia de otras
mujeres que se encuentran en su misma situación.
Dentro de los Servicios Sociales puede encontrar información
si se plantea realizar otro tipo de actividades que
la puedan satisfacer más, como volver a estudiar,
hacer deporte o cultivar alguna afición, además
de conocer gente nueva con la que relacionarse. Plantearse
unos horarios en las labores domésticas le
permitirá sacar tiempo para sí misma
y buscar otras salidas a sus problemas.
Benzodiacepinas
Es uno de los fármacos
más frecuentes en el tratamiento de los estados
de ansiedad. Su acción ansiolítica mejora
el rendimiento y provoca relajación muscular
y somnolencia. También puede causar desinhibición.
Una dosis elevada produce descoordinación muscular,
náuseas, desorientación, etc. La mezcla
con alcohol puede producir un efecto similar al de
una sobredosis, pudiendo provocar un estado de coma
o incluso la muerte.
Se desarrolla una gran tolerancia
hacia esta droga, y un uso prolongado puede llegar
a crear una dependencia. Su retirada brusca puede
suponer un peligro, pero sí se puede abandonar
su consumo de forma progresiva. El síndrome
de abstinencia viene marcado por un aumento de la
ansiedad, insomnio, irritabilidad, náuseas,
dolores de cabeza, tensión muscular, temblores
e, incluso, en casos graves, convulsiones y estados
epilépticos.
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