| La violencia
contra las mujeres no es sino una clara expresión
de la desigualdad que existe en la sociedad entre
los hombres y las mujeres. Por eso, al analizar este
problema es importante considerar las raíces
sociales de esta situación. Tradicionalmente,
la violencia ha sido parte del rol masculino. Los
hombres aprenden a competir, a luchar, a ganar puestos,
a imponerse por encima de los demás, mientras
que a las mujeres se las enseñan otros aspectos
de las relaciones personales, como es la cooperación,
la entrega, el cuidado de los suyos, etc. Así,
el espacio público, mucho más duro y
competitivo, era el lugar de desarrollo del hombre,
mientras la mujer quedaba relegada al ámbito
privado o doméstico.
Hoy en día, la mujer ha conquistado
otras esferas sociales, superando el espacio doméstico.
Pero no ha sido fácil, porque durante mucho
tiempo, cualquier aspiración de la mujer venía
cargada con sentimientos de culpa, de miedo, de inseguridad
y sobre todo, de soledad. La soledad que acompaña
a aquellos que desafían al grupo en las normas
establecidas. Muchas cosas han cambiado, aunque todavía
hay grandes frentes abiertos. Pero antes de seguir,
es importante distinguir las diferentes formas de
violencia contra las mujeres.
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