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      5-Agresiones sexuales
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    1-Introducción     5-Agresiones sexuales
    2-Formas de violencia contra la mujer     6-Prevenir la violencia
    3-Tópicos     7-Los derechos de la mujer
    4-La violencia en la pareja     8-Medidas institucionales
   

La violación

Las agresiones sexuales son mucho más frecuentes de lo que se cree, lo que ocurre es que habitualmente se les resta importancia. En parte, esta actitud viene dada porque esta conducta se asocia a un agresor desconocido, cuando, en la mayor parte de los casos se trata de un conocido de la víctima, muchas veces su pareja.

Se ha explicado anteriormente la diferencia entre agresión sexual y violación. Esta última es el tipo de agresión que más puede traumatizar a una mujer. Hay algunas reacciones comunes en las mujeres agredidas: la sensación de suciedad y asco, aturdimiento y confusión. Hablar del tema suele ser difícil, origina miedos, a estar sola, a salir, etc. La vivencia de la sexualidad puede cambiar, se convierte en algo negativo y desagradable, se puede llegar a sentir temor por los hombres, y una especie de sensación de culpabilidad. Hay que tener claro que la culpa no es de la mujer, no hay nadie que pueda obligarla a mantener relaciones sexuales si no lo desea.

Cuando la agresión la sufre una niña, a veces resulta difícil creerla, sobre todo porque el adulto negará el abuso, quitando importancia a su actuación. Hay que tener en cuenta que una niña no suele tener capacidad para inventar algo así, ya que el mundo de la sexualidad, sus prácticas y el lenguaje sexual le resultan desconocidos.

Hay peligros en una violación que hay que tener en cuenta, como son lesiones físicas, enfermedades de transmisión sexual y embarazos.

¿Qué debe hacer una mujer que sufre una violación?

Hay que acudir a un centro médico sin cambiarse de ropa ni lavarse para hacerse un reconocimiento médico y ginecológico. Con el certificado médico se realiza la denuncia en la Comisaría de Policía, Cuartel de la Guardia Civil o Juzgado de Guardia. La ropa puede servir como prueba, por lo que no conviene deshacerse de ella. En algunas ciudades estos pasos están regulados y se realizan desde el mismo hospital (reconocimiento forense, ginecológico y psicológico), avisando el mismo personal a la policía.

La persona que atiende a la víctima tiene la obligación de respetar su intimidad y ceñirse al caso de la violación, obviando los datos sobre su vida privada si ella no desea darlos.

Cuando la víctima es un menor o persona incapacitada, puede realizar la denuncia el ascendiente, representante legal, guardador oficial o el Ministerio Fiscal.

Es importante que, en el primer momento, se lo cuente a alguien de confianza, para desahogarse y recibir apoyo. Una vez pasados los difíciles trámites hay que intentar restablecer el ritmo de vida habitual. Esto puede ser muy costoso, por ello existen grupos de asistencia creados por las propias mujeres en los que la víctima puede recibir apoyo psicológico.

El acoso sexual

Este tipo de agresión supone una importante discriminación para la mujer, se convierte en un obstáculo en su formación y su integración en el mercado de trabajo. Mujeres con puestos de trabajo precarios o temporales, que ocupan su primer puesto de trabajo, que son jóvenes, separadas o divorciadas, pueden ser más vulnerables. Las consecuencias de esta agresión repercuten en la salud, en el rendimiento laboral y en el equilibrio personal. Además, la mujer que sufre estas agresiones puede verse limitada en sus posibilidades de promoción y de permanencia en el puesto. También puede repercutir en su vida afectiva, tanto si su problema llega a ser conocido por su familia y pareja como si no.

¿Qué hacer ante un acoso sexual?

No se debe dejar el empleo, porque en ese caso se pierden todos los derechos. Lo primero es informar a los órganos de representación del personal, como sindicatos o comités de empresa. En los Servicios de Información para las Mujeres, Secretarías o Departamentos de la Mujer de algún Sindicato, o en su Asesoría Laboral, pueden ofrecer información e incluso ayudar a tramitar una denuncia por acoso. También puede dirigirse a la Inspección de Trabajo. Muchas veces, la mujer se encontrará con personas que la culpabilizarán más a ella que al agresor, pero lo importante es que está en todo su derecho al presentar la denuncia.

El agresor

Es un hombre que prima los valores del mundo tradicionalmente masculino, como son la competitividad, la fuerza, el éxito, etc., por encima de otros valores que se suelen asociar a la mujer, la sensibilidad, el cariño, docilidad y entrega. Ser varón implica, para estos hombres, ejercer su poder y su fuerza en sus relaciones, especialmente dentro de la familia o la pareja.

La violencia se aprende y la familia suele ser la vía por la que se adquieren estos roles de conducta. Es el ámbito en el que el padre descarga sus tensiones y frustraciones. Los hombres deberían aprender a expresar sus sentimientos negativos de otra manera y a defender sus derechos frente a quienes les agreden, y no descargarlos en su familia.

Muchas veces, el violador, más que satisfacer su deseo sexual, busca demostrar su poder dominando y agrediendo a una mujer.

 

 

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