| La
violación
Las agresiones sexuales son
mucho más frecuentes de lo que se cree, lo
que ocurre es que habitualmente se les resta importancia.
En parte, esta actitud viene dada porque esta conducta
se asocia a un agresor desconocido, cuando, en la
mayor parte de los casos se trata de un conocido de
la víctima, muchas veces su pareja.
Se ha explicado anteriormente
la diferencia entre agresión sexual y violación.
Esta última es el tipo de agresión que
más puede traumatizar a una mujer. Hay algunas
reacciones comunes en las mujeres agredidas: la sensación
de suciedad y asco, aturdimiento y confusión.
Hablar del tema suele ser difícil, origina
miedos, a estar sola, a salir, etc. La vivencia de
la sexualidad puede cambiar, se convierte en algo
negativo y desagradable, se puede llegar a sentir
temor por los hombres, y una especie de sensación
de culpabilidad. Hay que tener claro que la culpa
no es de la mujer, no hay nadie que pueda obligarla
a mantener relaciones sexuales si no lo desea.
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Cuando
la agresión la sufre una niña,
a veces resulta difícil creerla, sobre
todo porque el adulto negará el abuso,
quitando importancia a su actuación.
Hay que tener en cuenta que una niña
no suele tener capacidad para inventar algo
así, ya que el mundo de la sexualidad,
sus prácticas y el lenguaje sexual le
resultan desconocidos.
Hay peligros en una violación
que hay que tener en cuenta, como son lesiones
físicas, enfermedades de transmisión
sexual y embarazos. |
¿Qué
debe hacer una mujer que sufre una violación?
Hay que acudir a un centro
médico sin cambiarse de ropa ni lavarse para
hacerse un reconocimiento médico y ginecológico.
Con el certificado médico se realiza la denuncia
en la Comisaría de Policía, Cuartel
de la Guardia Civil o Juzgado de Guardia. La ropa
puede servir como prueba, por lo que no conviene deshacerse
de ella. En algunas ciudades estos pasos están
regulados y se realizan desde el mismo hospital (reconocimiento
forense, ginecológico y psicológico),
avisando el mismo personal a la policía.
La persona que atiende a la
víctima tiene la obligación de respetar
su intimidad y ceñirse al caso de la violación,
obviando los datos sobre su vida privada si ella no
desea darlos.
Cuando la víctima es
un menor o persona incapacitada, puede realizar la
denuncia el ascendiente, representante legal, guardador
oficial o el Ministerio Fiscal.
Es importante que, en el primer
momento, se lo cuente a alguien de confianza, para
desahogarse y recibir apoyo. Una vez pasados los difíciles
trámites hay que intentar restablecer el ritmo
de vida habitual. Esto puede ser muy costoso, por
ello existen grupos de asistencia creados por las
propias mujeres en los que la víctima puede
recibir apoyo psicológico.
El acoso sexual
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Este tipo de agresión
supone una importante discriminación para
la mujer, se convierte en un obstáculo
en su formación y su integración
en el mercado de trabajo. Mujeres con puestos
de trabajo precarios o temporales, que ocupan
su primer puesto de trabajo, que son jóvenes,
separadas o divorciadas, pueden ser más
vulnerables. Las consecuencias de esta agresión
repercuten en la salud, en el rendimiento laboral
y en el equilibrio personal. Además, la
mujer que sufre estas agresiones puede verse limitada
en sus posibilidades de promoción y de
permanencia en el puesto. También puede
repercutir en su vida afectiva, tanto si su problema
llega a ser conocido por su familia y pareja como
si no. |
¿Qué hacer
ante un acoso sexual?
No se debe dejar el empleo,
porque en ese caso se pierden todos los derechos.
Lo primero es informar a los órganos de representación
del personal, como sindicatos o comités de
empresa. En los Servicios de Información para
las Mujeres, Secretarías o Departamentos de
la Mujer de algún Sindicato,
o en su Asesoría Laboral, pueden ofrecer información
e incluso ayudar a tramitar una denuncia por acoso.
También puede dirigirse a la Inspección
de Trabajo. Muchas veces, la mujer se encontrará
con personas que la culpabilizarán más
a ella que al agresor, pero lo importante es que está
en todo su derecho al presentar la denuncia.
El agresor
Es un hombre que prima los valores
del mundo tradicionalmente masculino, como son la
competitividad, la fuerza, el éxito, etc.,
por encima de otros valores que se suelen asociar
a la mujer, la sensibilidad, el cariño, docilidad
y entrega. Ser varón implica, para estos hombres,
ejercer su poder y su fuerza en sus relaciones, especialmente
dentro de la familia o la pareja.
La violencia se aprende y la
familia suele ser la vía por la que se adquieren
estos roles de conducta. Es el ámbito en el
que el padre descarga sus tensiones y frustraciones.
Los hombres deberían aprender a expresar sus
sentimientos negativos de otra manera y a defender
sus derechos frente a quienes les agreden, y no descargarlos
en su familia.
Muchas veces, el violador,
más que satisfacer su deseo sexual, busca demostrar
su poder dominando y agrediendo a una mujer.
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