| Los
cambios físicos pueden afectar también
a la sexualidad de la mujer, pero esos cambios no
tienen porque impedir tener una vida sexual activa.
La mujer que ya no puede ser madre no deja de ser
atractiva, y la sexualidad sigue siendo una manera
de dar y recibir afecto.
El contacto físico puede ser igual de importante,
con los años se valoran más los abrazos
y las caricias. Los deseos pueden no ser los mismos,
pero si la capacidad de sentir afecto y ternura.
Perder a los seres queridos
Cuando perdemos a un ser querido, lo
normal es entrar en crisis, el mundo y la vida parecen
dejar de tener sentido. Se pasa por una fase de no-aceptación,
parece imposible que haya ocurrido. Después,
asumirlo, trae dolor y rabia. Hay que asimilar los
sentimientos que se vienen encima, dándoles
salida de forma adecuada. Una vez que la intensidad
de las emociones que se sienten disminuye, lo normal
es recordar los momentos que se han pasado juntos.
A través de los recuerdos se analiza lo que
esa persona aportó a la propia vida, lo que
le gustaba de ella y lo que no. Este proceso es necesario
para poder separarse de la persona amada y poder continuar
con la propia vida. Esta vuelta a lo cotidiano implica
abrirse a nuevas personas y experiencias. Hay gente
que guarda el dolor, ya que no puede tener a la persona
a su lado, y eso le impide retomar su vida con alegría.
Cuando, después de una
pérdida, la mujer se enfrenta a una nueva relación
tiene sentimientos contradictorios, porque por un
lado se desea una relación intensa, pero por
otro se sabe el dolor que trae una pérdida
o una separación. Es importante, a pesar de
esos temores, hacer nuevas amistades y mantener las
que se tienen. Las amigas son un apoyo muy importante
a la hora de adaptarse a los cambios, y será
con ellas, en muchos casos, con quienes se envejezca.
Ellas sustituyen las relaciones familiares que habían
llenado toda su vida anterior.
|