| La
sociedad, dentro de los roles que establece para hombres
y mujeres, también establece qué profesiones
puede ejercer un sexo y otro. Hay profesiones que
se han considerado masculinas: electricistas, taxistas,
mecánicos, ingenieros, arquitectos, pilotos,
etc. Mientras las mujeres han sido empleadas del hogar,
azafatas, profesoras, telefonistas, secretarias, etc.
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Desde hace ya
algún tiempo existen campañas para
ofrecer un acceso igualitario para ambos sexos
a los puestos de trabajo. Se ofrecen ayudas públicas
para modificar las instalaciones de algunas empresas,
por ejemplo, para crear vestuarios masculinos
y femeninos. De esta manera no es un problema
que una mujer acceda a un puesto de trabajo en
una empresa donde los empleados han sido tradicionalmente
hombres. Además, el desarrollo tecnológico
permite que la mujer ocupe puestos que antes se
consideraban masculinos por el esfuerzo físico
que implicaban o por su peligrosidad. Hoy hay
mujeres en la minería, los servicios de
vigilancia, el ejército, etc. |
Lo que aún es necesario
es una campaña que acabe con algunos tópicos
relacionados con la mujer y el mercado laboral. Es
común por ejemplo, creer que mientras que el
hombre necesita un trabajo, la mujer trabaja sólo
porque quiere, no por necesidad. Una mujer puede tener
necesidad de tener un empleo e ingresos propios, como
cualquier hombre, para sus necesidades, las de su
familia, para ser más independiente, o simplemente
para desarrollarse como persona.
La doble jornada que se ve
obligada a realizar la mujer, en el trabajo y en casa,
habitualmente le ha impedido tener la disponibilidad
laboral que podía tener el hombre. Esto ha
vetado en muchas ocasiones el acceso de la mujer trabajadora
a puestos de responsabilidad o de dirección.
Esta situación se va superando, algunas mujeres
acceden a puestos de dirección, pero normalmente
se asciende a costa de perder calidad familiar o,
incluso, renunciando totalmente a la familia por parte
de la mujer profesional.
El mundo laboral, los horarios
y la forma de relacionarse, es todavía masculino,
y reproduce el esquema tradicional en el que el hombre
trabajaba fuera de casa, mientras que la mujer permanecía
en el hogar. La familia sigue siendo una carga femenina.
Así por ejemplo, se cree que una mujer falta
mucho más al trabajo que un hombre. Si esto
es así, es porque, mientras los hombres se
ausentan para realizar gestiones administrativas,
las mujeres lo hacen normalmente por cuestiones familiares,
como acudir al médico con sus hijos, resolver
el problema de que ha fallado la niñera, etc.
Discriminación laboral
Aún hoy es frecuente
que la mujer se encuentre discriminada en el mundo
laboral. Los puestos a los que accede una mujer son
más bajos, se le exige más que a un
hombre para promocionarse y los sueldos, en un puesto
similar, son inferiores. Dos de cada tres personas
que trabajan en la economía sumergida son mujeres.
Este tipo de trabajo significa la ausencia de derechos
sociales o laborales, unos sueldos por debajo del
mínimo interprofesional y jornadas de trabajo
largas y en condiciones muy duras.
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