| Tener
un empleo fuera del hogar puede proporcionar salud
física y mental a la mujer. Pero si luego se
ve obligada a realizar una doble jornada, porque tiene
que ocuparse de su hogar, el exceso de horas de trabajo
puede ser negativo para su salud. A menudo, la mujer
sufre una división entre su papel en el trabajo
y su papel en casa, que puede crearle un conflicto
emocional. Es común que la mujer que trabaja
fuera de casa se sienta culpable, aunque comparta
las tareas domésticas con su marido, porque
se ve a sí misma como última responsable
y puede sentir que no atiende suficientemente a sus
hijos.
El primer paso para superar
este obstáculo es romper con los roles que
se inculcan y cuestionar la educación, las
ideas y valores que se han asumido. Aprender a compartir
con la pareja no sólo las tareas domésticas
sino también la responsabilidad en el mantenimiento
de la casa, en las labores diarias y en el cuidado
de los hijos y de las personas mayores o enfermas.
Actualmente, el hombre puede acogerse a la baja por
maternidad, y deberían poder tener permisos
laborales para el cuidado de los hijos. De esta manera,
recibiendo igual atención por parte de su padre
como de su madre, los hijos no tienen porque estar
descuidados. Las mujeres disfrutarían de más
tiempo libre, para el descanso, para formarse o para
promocionarse en su trabajo.
También la sociedad
tiene tareas que afrontar: por un lado, fomentar la
educación en la igualdad, y por otro, incrementar
los servicios que ofrece y a los que se puede acudir.
Ampliar la oferta de centros de día y residencias
para personas mayores. Facilitar la ayuda a domicilio.
Tener más servicios domésticos. Escuelas
con horarios más flexibles, con servicio de
comedor y actividades extraescolares. Crear guarderías
en los puestos de trabajo y lugares de ocio. En general,
dando mayores facilidades para poder ocuparse de todas
las facetas de la vida: la personal, la profesional
y la familiar.
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