| El ambiente de trabajo puede afectar al feto, a la propia capacidad reproductiva y a la fertilidad de hombres y mujeres. Agentes químicos y físicos presentes en algunas ocupaciones pueden provocar alteraciones en la fertilidad, abortos espontáneos, partos prematuros, malformaciones en los recién nacidos, efectos de toxicidad en la lactancia y cáncer infantil. Hay que tener en cuenta que no sólo las mujeres se ven afectadas por estos agentes tóxicos, sino también el hombre, –que participa en la transmisión genética al igual que la mujer–, se puede ver afectado por esos agentes químicos.
Otros peligros para la mujer están relacionados con el tipo de trabajo que realiza. Las jornadas largas o permanecer mucho tiempo de pie afectan al embarazo. Durante el proceso de gestación la respiración aumenta, por lo que la cantidad de agentes tóxicos inhalados que pueden llegar al feto también aumentan.
Por ello, toda embarazada que desempeñe su trabajo en condiciones que puedan influir negativamente en su salud y/o en el feto debe cumplimentar un informe de riesgo (siempre que las condiciones de trabajo puedan influir negativamente , la embarazada tiene derecho a solicitar un cambio de puesto de trabajo y, en el caso de que la empresa justifique su imposibilidad , existe una prestación especial por riesgo durante el embarazo). Si es trabajadora por cuenta ajena, deberá aportar la “declaración sobre riesgo durante el embarazo” y, si es autónoma, será ella misma quién deberá informar al médico de las condiciones de trabajo.
Otro período de la vida de la mujer, en el que hay que extremar los cuidados es la lactancia. Se trata de un momento delicado, en el que se pueden transmitir agentes nocivos a través de la leche materna. La mujer en este tiempo tiene más riesgo de accidente por la inestabilidad que provocan los cambios en su cuerpo. Puede realizar menos esfuerzo físico y, si permanece mucho tiempo de pie, corre el riesgo de que aparezcan varices (por el aumento de la presión sanguínea).
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