| ¿Qué
lugar ocupa el aceite de oliva en la pirámide
de la dieta mediterránea?
Históricamente los tres alimentos
más tradicionales, que constituyen la tríada
cultural de la alimentación mediterránea,
son el trigo, el aceite y el vino. Su papel diferenciador
respecto a otras culturas y, en especial respecto al
patrón alimentario del Norte y el Centro de Europa,
ha sido fundamental. Se puede decir que estos productos
siempre han estado presentes en nuestra dieta, mientras
que otros se han ido incorporando gradualmente, enriqueciéndola
y haciéndola más atractiva y variada;
y es que la dieta mediterránea está en
continua evolución ya que, junto a los alimentos
presentes durante milenios, como sucede con el aceite
de oliva o los cereales, otros se han introducido más
recientemente. Algunos de ellos eran completamente desconocidos
en las culturas clásicas y vinieron de tierras
lejanas, como el tomate o las patatas, introducidos
a raíz del descubrimiento del Nuevo Mundo, pero
sin desplazar a los fundamentales. 
Este hecho apoya la idea de que
la presencia o ausencia de un alimento concreto no
le hace perder su condición de alimentación
mediterránea, excepto que esto suceda con sus
alimentos emblemáticos, de los que su principal
exponente es el aceite de oliva. Y es que el aceite
de oliva tiene varias características diferenciales
que le hacen insustituible; de una parte el es único
aceite que, además de aportar grasa monoinsaturada,
proporciona otros componentes saludables, como son
las vitaminas y polifenoles, presentes sobre todo
en el aceite virgen y virgen extra. Pero además,
desde el punto de vista gastronómico, es un
aliño incomparable.
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