| Los humanos somos seres sociales, es decir, que vivimos en comunidad, que nos relacionamos con nuestros semejantes. Nos sentimos observados y valorados por ellos. Por este motivo, la apariencia personal, eso que hoy llamamos imagen personal, es algo que ha sido objeto de cuidado desde tiempos remotos y, aunque de distinta manera, dicho cuidado ha sido una constante en las diferentes épocas y culturas de la humanidad. No hay duda de que la imagen personal es un factor importante que influye en la autoestima y en el bienestar de las personas, aunque esta influencia depende en gran manera del valor que cada uno concede a su imagen personal.
Podemos concluir que un cuidado razonable de esa imagen es algo positivo: contribuye a nuestro bienestar al hacer que nos sintamos a gusto con nosotros mismos y al percibir que somos bien aceptados y valorados por los demás. No obstante y por desgracia, hoy se da un exceso generalizado de preocupación por la imagen personal, en buena medida inducida por una cultura en la que la buena imagen personal se ha convertido en un elemento clave para el éxito en diferentes aspectos de nuestras vidas: el afectivo, el laboral, el social… Algunos sectores de la economía y la producción (moda, cosmética, dietética, salud, belleza…) también difunden y promocionan con gran minuciosidad modelos de imagen personal basados más en sus intereses económicos que en el bienestar de los usuarios de sus productos y servicios.
|