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La delgadez se ha convertido en la sociedad actual en una característica fundamental de lo que entendemos por una buena imagen o apariencia personal. Los patrones culturales hoy reinantes imponen la delgadez como una exigencia tanto para hombres como para mujeres, aunque con mayor énfasis en el caso de ellas. Pero no sólo la delgadez, que si no cae en exageraciones puede ser recomendable desde el punto de vista de la salud, sino también un tipo de figura estilizada, a lo muñeca barbie, lo que no sólo es un despropósito, porque es imposible que en esa figurita quepan los órganos internos de una mujer, sino una pura quimera, ya que la constitución física (altura, anchura de hombros y caderas, etc.) está en buena medida determinada por nuestra herencia genética, y eso, hoy por hoy, no podemos modificarlo.
Frente a esta presión de la cultura imperante fomentando la delgadez y un determinado tipo de figura, una buena parte de la población occidental, especialmente la femenina, se empeña, a veces de manera obsesiva, en una lucha contra el peso tanto si es por recomendación médica, o sea por motivos de salud, como -y esto es lo más frecuente- por razones estéticas, para mejorar su figura y apariencia corporal. Hay encuestas realizadas en Estados Unidos según las cuales hasta un 70% de la población de ese país admite estar intentando bien mantener su peso o bien reducirlo. Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, uno de cada cuatro españoles quiere perder peso.
Hay que admitir que mantener de manera estable en el tiempo un peso acorde a la edad y a las características antropométricas de la persona es beneficioso tanto para la salud como para la imagen personal, pero esto no suele ser lo frecuente entre quienes por razones estéticas se someten periódicamente a dietas para perder esos kilos de más que a su parecer les afean la figura. Son típicas esas dietas, sólo temporales, de antes y de después del verano para perder esos kilos que estorban para lucir vestimenta ligera o acudir a la playa o que se han ganado en unas vacaciones vividas con algún exceso. Ni que decir tiene que estas dietas, que habitualmente son esas a las que se ha dado en llamar “dietas milagro”, se realizan sin ningún tipo de consejo o prescripción médica y, como veremos, no sólo no sirven para mejorar de manera duradera la figura de quienes las siguen, sino que entrañan serios riesgos para su salud. |