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      2-¿Sabe lo que contiene el tabaco?
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    3-¿Cuáles son los efectos del tabaco?
    2-¿Sabe lo que contiene el tabaco?     4-Volviendo al principio, ¿fumar es un placer?
   


La nicotina es el principal alcaloide del tabaco y está presente en las hojas de la planta y en el humo procedente de su combustión.

La capacidad que tiene la nicotina de estimular el sistema que regula las sensaciones de placer en nuestro organismo crea una necesidad natural de esta sustancia al poco tiempo de haber comenzado a fumar, que se manifiesta por la dependencia física del tabaco. Este efecto estimulante (despierta cuando se tiene sueño, aumenta nuestra atención y facilita la memoria) se combina con un efecto tranquilizante (calma los nervios cuando se está irritado). Pero estos efectos son más aparentes que reales. Debido a la capacidad adictiva de la nicotina, el fumador habitual tiende a mantener los niveles sanguíneos de nicotina relativamente constantes y, cuando estos niveles disminuyen, el fumador siente la necesidad de fumar (la dependencia física de la que acabamos de hablar). Si no la satisface, puede llegar a desarrollar estados de irritabilidad, nerviosismo, falta de concentración, etc., que normalmente remiten al volver a fumar. Por eso, cuando los fumadores afirman que fumar les tranquiliza, lo que en realidad ocurre es que les faltaba nicotina y "no fumar" los tenía en un estado de irritabilidad (síndrome de abstinencia o “mono”).

No hay duda de que la principal causa de que los fumadores continúen con su hábito, cualquiera que sea la razón o circunstancia por la que han comenzado a fumar, es la adicción que crea la nicotina. Esta adicción puede llegar a ser tan fuerte como la que provocan la cocaína o la heroína.

Pero la nicotina no es más que una de las alrededor de 4.000 sustancias que contiene el tabaco o que se generan con su combustión, todas ellas tóxicas y por tanto dañinas para nuestra salud. Ha leído bien: ¡4.000 sustancias tóxicas! El humo del cigarrillo contiene desde gases tóxicos, como monóxido de carbono, hidrógeno, cianuro y óxidos nitroso y sulfúrico, hasta alquitranes y otros miles de sustancias nocivas hoy perfectamente identificadas a través de los estudios de investigación que se han llevado a cabo en las últimas décadas. Entre estas 4.000 sustancias tóxicas se han identificado 69 que son cancerígenas, es decir, que pueden provocar cáncer: alquitranes, arsénico, cadmio y níquel, cloruro de vinilo, formaldehído, polonio 210, etc. Otras son irritantes para las vías respiratorias y para los ojos: amoniaco, acetona, acroleína, cianuro, monóxido de carbono, metanol y otras. Estas últimas son las responsables de las enfermedades respiratorias no cancerosas causadas por el humo del tabaco, como el enfisema pulmonar y la bronquitis crónica.

Probablemente los nombres de estas sustancias no les digan gran cosa a muchos fumadores, a no ser que tengan conocimientos de química. De manera más llana podemos decir que los alquitranes son esas sustancias que se utilizan para el asfaltado de nuestras carreteras y calles, que el arsénico es un veneno mortal, que el cadmio y el níquel son componentes de las baterías, que el cloruro de vinilo es la materia con la que se fabricaban los antiguos discos de música, que el polonio 210 es una sustancia radiactiva, que el cianuro de hidrógeno es un veneno utilizado como raticida, que el monóxido de carbono es un gas mortal cuando se concentra en espacios cerrados… Y así otros miles de sustancias.

Como es natural, la inhalación de este cóctel de venenos en que se convierte el humo del tabaco difícilmente resultaría apetecible para nuestros sentidos, especialmente el olfato y el gusto, sino que sería más bien repulsivo. Por ello, la industria tabaquera añade en el proceso de fabricación de los cigarrillos aromatizantes y saborizantes cuya única finalidad es contrarrestar el mal olor y sabor del humo del tabaco y el rechazo que ello generaría por parte del consumidor.

 

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